POR CESAR CHUPINA
“La obra de teatro debe ser una imagen justa y vivaz de la naturaleza humana”, John Dryden
Como todo mundo sabe y reconoce, mi labor en Guatemala ha sido en rubros no comerciales y poco cultivados. Además de la experimentación, del teatro para niños y educativo y de convertir al público en un verdadero signo y todo hecho escénico en una cátedra filosófica, hemos aportado innovaciones con el Teatro Itinerante y sus modalidades procesión, teatro bus e instalación, el teatro discoteca, el teatroconferencia.... He también trabajado con grupos de sordos, experimentando con la gestualización, con deficientes mentales y con pacientes de VIH-SIDA.
Las dos últimas áreas de mi interés han sido el teatro religioso y el gay que en otras latitudes tienen gran desarrollo. En el primero, me he apoyado en la tradición pero no he pasado de pastorelas, loas y via crucis. En el segundo, me lanzo en serio ahora asqueado ante las porquerías que han dado en llamar teatro y que no llegan ni a pseudoperfomances.
Quizá la gota que rebalsó el vaso fue la última puesta de Los Chicos de la Banda, que, aparte de estar desfasada en el tiempo y en el espacio, lo único que hacía era esconder la homofonía de elenco y director que parecían ignorar el desarrollo en pro de los derechos humanos así como la información científica actualizada en torno al tema de la homosexualidad. Lo peor de todo, ignoraba que cuando salió como película en la década de los 60 en Estados Unidos provocó hasta la publicación de un libro –poseo uno de los ejemplares en mi Biblioteca- donde se ponía de manifiesto que el mismo texto atentaba contra la dignidad humana.
Si estaremos atrasados: Lo más divertido es que todos los que trabajaron en ese último montaje de Los Chicos..., incluyendo a dos de mis exalumnos, se los llevan de ser lo mejor del teatro en Guatemala... lo de más calidad... lo más intelectual. Por ello, lo único que puedo hacer es poner mi granito de arena haciendo algo al respecto aunque haga el ridículo actuando.
Como no había textos, tuve que empezar a escribir algunas ideas que tenía rezagadas y como no había nadie más que se aventara como actor tuve que hacerlo yo. Y tenemos como primer resultado Romance entre tres, escandalosa obra de teatro de apenas dos personajes que aparte de ser gay desarrollan una relación de tipo homo erótica muy especial. Debo contar que en el papel de Vinicio (Renato. Yo soy, Mario) se probaron actores gay y todo mundo estaba más que trabado, lo cual me ha llevado mucho a cuestionarme en torno a la labor de la diz que educación teatral que en nuestro país se disfraza de talleres, cursillos, academias y hasta escuelas.
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De alguna manera tenemos que abrir brecha al amplio criterio de nuestro país, razón por la cual no nos “achicopalamos”, ¡al contrario!, ya estamos pensando poner otra con la misma temática, que, aunque con escenas sexuales “menos gruesas”, quizá con un mayor impacto por la trama que envuelve a sus cuatro personajes. Se trata de La Trampa Moral que Epidauro para evitar el morbo trabajó con distanciamientos y símbolos de otra clase. Pero ahora las cosas serán tal y como el texto lo pide: Claras y peladas, como decimos en buen chapín.
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